Baile del Sol. Editorial

"Buenas tardes ya,
Aquí estamos, hijas e hijos del sol, pues eso somos: apenas una arenilla contaminada de vida que cayó del espacio, algo de agua, y sol. No hay vida sin sol y eso ya lo sabían nuestros antiguos en toda la costa norte de África, desde Egipto hasta estas islas, y en el arco del Mediterráneo, y lo sabían también los celtas y tantos otros pueblos en otras orillas. Por eso está el mundo lleno de espirales que dicen soy el sol y así es la vida: circular, envolvente. Por eso arden hogueras en la noche: recordando al sol, llamándolo. El sol que es de todos.
Cuenta Marín de Cubas que los antiguos canarios “juraban por Magec que es el sol... a el alma la tenían por inmortal hija de Magec”, y, apenas hace cien años, el Dr. Bethencourt Alfonso dejó dicho que “a nuestros campesinos apodamos magos, porque sus antecesores adoraban a Magec, y aún bromean a los de Arafo llamándolos cancos y preguntándoles si van a Chiguergue a buscar el Sol, porque así denominan a sus sacerdotes, que iban diariamente adornados de flores, tocando tamboriles y flautas, a saludar a Achaman”.
Hijas e hijos del sol somos y esperamos con hambre de sol el verano para sentir en toda la piel la energía vital, y recargarnos. Dentro de pocas noches llegará la más corta del año. La noche del Solsticio de Verano, de San Juan, del Beñesmen... Contaban los antiguos, que en la amanecida de esa noche podía verse bailar al sol sobre la raya del horizonte:
“Yo vide bailar el sol
la mañana de San Juan
Y ahora veo en el terrero
a dos hermanos bailar.”
Y dicen también, que en ese amanecer, si se afina la vista, pueden verse los contornos de la isla de San Borondón, la isla soñada, la mítica isla, el territorio móvil de nuestra utopía. Afinemos la vista pues, y el corazón, para que nos baile con este sol de verano que recibimos hoy en este balcón solar."
Las citas que en el texto se reproducen han sido recogidas del blog del escritor canario Daniel Bellón y provienen de la magnífica y poco conocida obra Magos, Mahuros, mahoreros o amasikes, del difunto Hermógenes Afonso de la Cruz,conocido en estas islas como Hupalupa.
Producciones Mirmidón

Ya en la Odisea, Homero relata que Aquiles, uno de los mayores guerreros de todos los tiempos era descendiente de hormigas. La mayor conquista para él, mucho más importante que cualquier victoria en el campo de batalla, fue el reconocimiento de las generaciones venideras.
Aquiles era Mirmidón, habitante de la isla de Egina, en el golfo Sarónico. Los Mirmidones reciben su nombre de la palabra griega myrmêkes, hormigas.
Según cuenta la mitología, el rey Mirmides tuvo una hija llamada Egina, que además de dar nombre una isla, fue seducida por Zeus. Hera, la mujer de éste, celosa por los devaneos sexuales de su esposo, envió una peste que acabó con toda la población del istmo. Sucesivos reyes vieron como sus súbditos eran cada vez menos, hasta que Eaco, rey de los Mirmidones y padre de Aquiles, desesperado y con la mirada gacha, fijó su vista en una hilera de hormigas y alzó una plegaria a Zeus con el objeto de repoblar la ciudad.
Y el dios de dioses hizo realidad sus deseos transformando aquella caravana de hormigas en hombres, hombres que serían, a partir de ese día, los mirmidones.
Pero como todo mito siempre se sustenta en alguna verdad, el historiador Estrabón afirma que los mirmidones se dieron ese nombre porque para poder labrar los campos tenían que retirar muchos pedruscos formando largas cadenas humanas, como hacen las hormigas, ya que sus tierras eran áridas y pedregosas.












